La intervención del Polideportivo profesor Emigdio Peña Luna, en Nagua, no admite más excusas. Lo que durante años ha sido un reclamo del sector deportivo y de la ciudadanía hoy debe convertirse en una prioridad para el Gobierno dominicano y, de manera especial, para el ministro de Deportes, Kelvin Cruz.
No se trata de una petición menor, mucho menos de una obra decorativa. Hablamos del principal espacio bajo techo con que cuenta Nagua para la práctica, organización y disfrute de disciplinas deportivas que mueven a cientos de jóvenes, atletas, dirigentes, entrenadores, familias y fanáticos de toda la provincia María Trinidad Sánchez.
En ese escenario se han celebrado torneos como el U18, las ligas añejas y el Torneo Superior de Baloncesto de Nagua, además de actividades vinculadas al voleibol, bádminton, boxeo y otras ramas deportivas. Es, en los hechos, una casa común del deporte provincial. Pero esa casa está cansada, deteriorada y cada vez más lejos de las condiciones que merece una comunidad deportiva viva.
El problema no es nuevo, la denuncia de abandono tampoco lo es. El polideportivo arrastra años de deteriorio, remiendos y promesas. La ventilación es prácticamente inexistente. Las luces son deficientes: unas encienden, otras ya no funcionan. La pizarra está dañada, la pantalla presenta fallas y el techo, después de tantas reparaciones parciales, ya no parece resistir otro arreglo improvisado.
Nagua no necesita otro paño tibio. Necesita una intervención seria, integral y definitiva.
Cada vez que se organiza un torneo en esas condiciones, el esfuerzo de clubes, atletas y dirigentes queda por encima de la infraestructura disponible. Cada juego celebrado allí es también una muestra de resistencia. La gente asiste, anima, compite y acompaña porque ama el deporte, no porque el espacio esté a la altura de ese entusiasmo.
Ese contraste no puede normalizarse, porque el deporte no se desarrolla solo con discursos, medallas o fotografías oficiales. Se desarrolla con instalaciones dignas, con mantenimiento, con seguridad, con iluminación adecuada, con ventilación, con baños en condiciones, con tabloncillos cuidados, con techos seguros y con espacios que respeten al atleta y al público.
Un joven que entrena en un ambiente deteriorado recibe un mensaje silencioso: que su esfuerzo puede esperar. Una comunidad que durante años levanta el mismo reclamo y no encuentra respuesta recibe otro mensaje todavía más grave: que su provincia no está entre las prioridades.
¡Ese mensaje debe cambia! El ministro Kelvin Cruz tiene ante sí una oportunidad concreta para escuchar a Nagua y responder con hechos. La provincia María Trinidad Sánchez ha demostrado que tiene talento, organización deportiva, fanáticos, clubes, entrenadores y una juventud que necesita espacios para competir, crecer y alejarse de los caminos equivocados. Lo que falta es que el Estado haga su parte.
Intervenir el Polideportivo profesor Emigdio Peña Luna no sería un favor. Sería cumplir con una responsabilidad pública. Sería reconocer que el deporte local también cuenta. Sería entender que las provincias no pueden vivir esperando indefinidamente mientras sus instalaciones se deterioran frente a los ojos de todos.
Desde El Naguero hacemos este llamado con sentido ciudadano, con respeto, pero también con firmeza. El reclamo lleva demasiado tiempo sobre la mesa. Lo conocen las autoridades, lo conocen los deportistas y lo conoce todo el que ha entrado a ese polideportivo y ha visto sus condiciones.
Nagua merece una instalación deportiva moderna, segura y funcional. La juventud merece mejores espacios. Los atletas merecen competir con dignidad. Los fanáticos merecen disfrutar sin exponerse a incomodidades evitables. Y la provincia María Trinidad Sánchez merece que su principal casa deportiva deje de ser una deuda pendiente.
La pelota está ahora del lado del Gobierno dominicano y del Ministerio de Deportes.
Que esta vez el clamor de Nagua encuentre oído, voluntad y acción.















