La provincia supera las 103,000 tareas sembradas y Nagua concentra más de 76,000, en una industria que busca elevar la producción local para responder a una demanda mundial que crece por encima de la oferta.
Santo Domingo. – María Trinidad Sánchez ocupa el primer lugar nacional en superficie sembrada de coco, con más de 103,000 tareas, mientras el municipio de Nagua concentra por sí solo más de 76,000, cerca del 19 % del área registrada en República Dominicana, según cifras presentadas por el Ministerio de Agricultura durante la primera Cumbre del Coco, DominiCoco 2026.
El peso productivo de la provincia cobra mayor dimensión ante el desafío que enfrenta la industria dominicana: incrementar la oferta nacional para abastecer un mercado interno y exportador que todavía necesita importar materia prima. En los últimos cinco años y medio, el país ha destinado alrededor de US$83 millones a compras de coco en el exterior, pese a contar con una industria que comercializa derivados de alto valor en Estados Unidos.
El Registro Nacional Agropecuario identifica 5,141 productores de coco, 5,383 parcelas y más de 396,000 tareas efectivamente sembradas en territorio dominicano. Agricultura sitúa además la producción en alrededor de 150 millones de unidades anuales.
La Junta Agroempresarial Dominicana (JAD) maneja una estimación más amplia de unas 880,000 tareas vinculadas actualmente al cultivo y su expansión, producto de nuevas plantaciones desarrolladas durante los últimos años. Su presidente ejecutivo, Osmar Benítez, plantea incorporar otras 500,000 tareas entre 2026 y 2031 para elevar la disponibilidad de materia prima y reducir la dependencia de las importaciones.
La discusión parte de una brecha que favorece nuevas inversiones. De acuerdo con las cifras expuestas por Benítez en DominiCoco, la producción mundial de coco ha aumentado alrededor de 2 % anual durante la última década, mientras la demanda avanza por encima del 10 %. El dirigente agroempresarial considera que esa diferencia abre espacio para países capaces de aumentar productividad, industrialización y capacidad exportadora.
La producción mundial rondó los 65 millones de toneladas en 2024, con Indonesia, Filipinas e India entre sus principales protagonistas. El mercado se ha diversificado alrededor del coco fresco y productos como agua, aceite, leche, crema, coco rallado y materias primas destinadas a las industrias alimentaria y cosmética.
Benítez afirmó que el comercio internacional de coco fresco se aproxima a los US$2,000 millones y sostuvo que República Dominicana podría llevar sus exportaciones del rubro hasta US$300 millones si consigue ampliar su capacidad productiva y aprovechar la industria de transformación instalada en el país.
Las cifras actuales muestran la distancia respecto a esa aspiración. Las exportaciones de coco alcanzaron aproximadamente US$6.82 millones en 2024 y US$6.03 millones en 2025, mientras hasta julio de 2026 acumulaban alrededor de US$3.4 millones, según datos de Aduanas citados durante la cumbre.
Una industria exportadora que necesita coco importado
La contradicción más visible aparece en la industria de procesamiento. Horacio Lerva, gerente general de Consorcio Cítricos Dominicanos del Grupo Rica, presentó datos según los cuales República Dominicana coloca alrededor de US$33.87 millones en crema de coco en el mercado estadounidense, frente a unos US$3.6 millones exportados hacia ese destino por el conjunto del sudeste asiático en esa categoría. Las ventas dominicanas de leche de coco hacia Estados Unidos rondan otros US$20 millones.
“Somos líderes de la categoría, pero somos líderes importando el coco”, expresó Lerva al describir una industria con capacidad de procesamiento y colocación internacional que todavía no dispone de suficiente materia prima nacional para cubrir sus necesidades.
La sustitución de una parte de los aproximadamente US$83 millones importados durante los últimos cinco años y medio figura así entre las oportunidades planteadas por empresarios y productores. Un incremento de la producción permitiría abastecer una proporción mayor de la demanda industrial con coco cultivado en el país y mantener dentro de la economía dominicana una parte de los recursos que actualmente se destinan a compras externas.
Nagua concentra cerca de una quinta parte del área registrada
La estructura territorial de la actividad convierte al Nordeste en uno de los principales centros de la cadena cocotera. María Trinidad Sánchez supera las 103,000 tareas cultivadas y encabeza la superficie nacional registrada, mientras Samaná reúne la mayor cantidad de productores. Dentro de María Trinidad Sánchez, Nagua concentra más de 76,000 tareas, equivalentes a cerca del 19 % de toda el área nacional contabilizada por el Registro Nacional Agropecuario.
El potencial productivo convive con limitaciones que inciden directamente en el rendimiento. El 83 % de las parcelas de coco se mantiene bajo condiciones de secano y apenas el 17 % dispone de sistemas de riego. Solo el 49 % de los productores recibe asistencia técnica, el 16 % tiene acceso al crédito agropecuario, el 6 % cuenta con seguro y cerca del 4 % posee contratos formales de comercialización.
El relevo generacional añade otra presión a la actividad: el 71 % de los productores tiene 50 años o más. El ministro de Agricultura, Francisco Oliverio, planteó durante DominiCoco la necesidad de incorporar tecnología, innovación, mecanización, financiamiento y acceso a mercados para atraer a nuevas generaciones hacia la producción agrícola.
Carlos Grullón, presidente de RAAS Sistemas de Riego e impulsor de DominiCoco, sostuvo que el crecimiento de la industria deberá descansar tanto en nuevas áreas de cultivo como en mayores rendimientos por tarea, eficiencia en el uso del agua y transformación industrial del fruto. La cumbre reunió a productores, empresarios, técnicos, inversionistas y representantes internacionales para discutir la cadena productiva y las posibilidades de expansión del sector.
La agenda incluye también el aprovechamiento de componentes que tradicionalmente han sido tratados como residuos, entre ellos la cáscara para sustratos agrícolas, la jícara como combustible y el agua procedente del coco seco, dentro de procesos orientados a obtener nuevos productos y aumentar el valor generado por cada unidad cosechada.















