No toda infraestructura pública se explica solo por el origen de sus fondos. Hay proyectos cuya verdadera dimensión está en su modelo académico, su propósito institucional y su impacto social. El Liceo Experimental UASD de Nagua es uno de ellos.
En los últimos días, tras la visita de autoridades universitarias locales y del Ministerio de Educación a los avances de construcción del Liceo Experimental UASD en Nagua, circularon publicaciones que intentaron “aclarar” la naturaleza del centro educativo. El problema no fue la intención de informar, sino la ligereza conceptual con la que se abordó un tema que exige memoria histórica, rigor institucional y conocimiento del sistema educativo dominicano.
Decir que el liceo “es una escuela pública financiada por el MINERD” no es falso. Lo incompleto, y por tanto engañoso, es presentar esa verdad parcial como si agotara la explicación total del proyecto.
Porque el debate nunca ha sido si el centro es público o privado, eso ya está claro, la discusión real es otra, por ejemplo, qué significa que sea un Liceo Experimental UASD, cuál es la trayectoria de ese modelo y por qué representa una oportunidad superior para Nagua y toda la provincia María Trinidad Sánchez.
En República Dominicana existen múltiples centros públicos, sin embargo, no todos responden al mismo diseño pedagógico, ni poseen la misma articulación institucional, ni generan idénticas oportunidades para sus estudiantes.
Un hospital público no es igual a otro solo por recibir fondos estatales, una extensión universitaria pública no es idéntica a una escuela básica por el simple hecho de ser financiadas por el Estado y lo mismo ocurre aquí.
El Liceo Experimental UASD no se define únicamente por quién construye la obra física, sino por el modelo académico que lo acompaña, la participación universitaria en su estructura formativa y la visión de excelencia educativa que históricamente ha caracterizado estos centros.
Reducir todo a “lo paga el MINERD” equivale a analizar un libro por el costo del papel y quienes conocen la historia educativa dominicana saben que la Universidad Autónoma de Santo Domingo ha impulsado durante décadas experiencias pedagógicas de alto nivel a través de sus liceos experimentales.
Uno de los casos emblemáticos es el Liceo Experimental Altagracia Amelia Ricart Calventi, el proyeto piloto de estos centros educativos de la UASD, referencia nacional de calidad y exigencia académica.
Muchos egresados de ese modelo, como es nuestro caso, podemos dar testimonio de una realidad concreta y esta es que cuando gran parte del sistema público aún no integraba con fuerza determinadas competencias, esos centros ya impartían inglés, francés e informática y una formación integral más avanzada que el promedio nacional de la época.
Eso no era casualidad, era resultado de una concepción educativa distinta. La construcción del Liceo Experimental UASD en Nagua no debe verse como una simple edificación escolar más, es la llegada a la provincia de un formato educativo que históricamente ha procurado elevar estándares, conectar la secundaria con la universidad y fortalecer la formación docente.
La reciente supervisión realizada por autoridades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y del Ministerio de Educación de la República Dominicana confirma precisamente esa articulación institucional. No es MINERD contra UASD. Es MINERD con UASD y esa alianza no disminuye el proyecto; lo potencia.
En algunos sectores, sobe todo en redes sociales, existe la costumbre de reaccionar ante toda obra relevante buscando restarle mérito, sembrar confusión o convertir un avance colectivo en una disputa pequeña.
Sucede con frecuencia: si una carretera se construye, se discute quién cortó la cinta; si un hospital se inaugura, se debate la fotografía; si un liceo especializado avanza, algunos intentan reducirlo a “una escuela cualquiera”.
Ese enfoque empobrece la conversación pública. Cuando un pueblo como el de Nagua recibe un centro educativo de mayor nivel, la pregunta inteligente no es cómo deslucirlo, sino cómo aprovecharlo, cómo garantizar calidad, cómo preparar estudiantes y cómo convertirlo en motor de movilidad social.
María Trinidad Sánchez requiere más instituciones capaces de formar capital humano competitivo. Necesita jóvenes con idiomas, competencias digitales, pensamiento científico y posibilidades reales de ingresar a la educación superior en mejores condiciones.
Eso representa un liceo experimental bien gestionado, porque no se trata solo de aulas, se trata de horizonte. No se trata solo de bloques y cemento, Se trata de talento futuro. No se trata solo de matrícula escolar, se trata de transformar trayectorias familiares enteras.
Sí, el centro es público. Sí, participa el Estado a través del MINERD. Sí, servirá a estudiantes del sistema nacional.
Pero también es cierto que su identidad como Liceo Experimental UASD tiene un peso institucional, académico y simbólico que no puede borrarse por desconocimiento ni por cálculo pequeño.
Negar eso sería como decir que un hospital docente es simplemente un edificio con camas, ignorando su valor formativo. Nagua haría bien en celebrar esta obra con madurez. Criticar cuando corresponda, exigir calidad siempre, pero sin distorsionar los hechos.
El Liceo Experimental UASD no es una fantasía privada ni una etiqueta decorativa, realmente es una figura educativa pública con antecedentes reales, prestigio acumulado y potencial transformador.
Y quienes lo saben, no necesitan improvisar aclaraciones.
Escrito por: Amaury Reyna Liberato, director de ElNaguero.com y egresado del Liceo Experimental Altagracia Amelia Ricart Calventi; el Liceo Experimental de la UASD.














