Los mejores espacios públicos no se miden solamente en metros cuadrados. Se miden en comunidad, en convivencia, en seguridad y en la capacidad de la autoridad para garantizar que cada ciudadano pueda disfrutarlos sin miedo, sin abuso y sin desorden.
El Parque Central de Nagua, también conocido como Parque Duarte, es uno de esos lugares que pertenecen a todos. Allí caminan familias, juegan niños, conversan adultos, descansan ciudadanos y se encuentra parte de la vida cotidiana del municipio. Precisamente por eso, lo ocurrido recientemente no puede ser tratado como una simple imprudencia ni como un hecho menor.
A esta redacción llegó la denuncia de un vehículo que, pasadas las 10:00 de la noche, transitaba sobre las aceras del Parque Central, poniendo en peligro a personas que se encontraban en el lugar y violentando el orden que debe prevalecer en un espacio público familiar. Según el video remitido a El Naguero, se trata de un carro blanco, marca Kia, cuya circulación sobre las aceras obliga a una reacción seria de las autoridades.
No estamos hablando de un error sin consecuencias. Un vehículo sobre una acera en un parque no solo rompe una norma de tránsito; rompe también una regla básica de convivencia. La acera es para el peatón, el parque es para la familia. Y ningún conductor tiene derecho a convertir un espacio ciudadano en una extensión de la calle o en una pista improvisada.
La Alcaldía de Nagua y la DIGESETT deben tomar carta inmediata en este asunto. No basta con mirar el video, comentar la denuncia o lamentar lo sucedido. Corresponde identificar al responsable, aplicar el procedimiento establecido y disponer una sanción ejemplar, proporcional y visible, que envíe un mensaje claro: los espacios públicos se respetan.
La autoridad no solo tiene la responsabilidad de construir parques, remozarlos o inaugurarlos, también tiene el deber de administrarlos, protegerlos y garantizar que puedan ser usados por todos. Un parque abandonado al desorden pierde su sentido, una acera invadida por vehículos deja de ser un lugar seguro, un espacio familiar sin vigilancia efectiva termina quedando a merced de la imprudencia.
Nagua no puede acostumbrarse a que estas cosas pasen como si nada.
La denuncia también llama la atención sobre otra situación preocupante en el área del mirador: niños subidos en la parte más alta, aparentemente sin el acompañamiento adecuado de sus padres o tutores.

Ese punto requiere una mirada responsable. Los niños no deben ser expuestos a riesgos evitables, y los padres tienen un deber directo de cuidado. Pero también corresponde a la autoridad municipal revisar señalización, supervisión, iluminación, control de acceso y medidas preventivas en zonas donde pueda producirse un accidente.
El parque debe ser un espacio vivo, abierto y familiar, pero no puede ser un espacio sin reglas.
La convivencia ciudadana se sostiene sobre una idea sencilla: lo público se cuida entre todos, pero la autoridad tiene que hacer cumplir las normas. Cuando alguien cruza el límite, debe haber consecuencia. Cuando una conducta pone en riesgo a otros, debe haber respuesta. Cuando el desorden desafía la tranquilidad de las familias, el silencio oficial se convierte en complicidad por omisión.
Desde El Naguero hacemos un llamado directo a la Alcaldía de Nagua y a la DIGESETT para que actúen con firmeza, sin privilegios y sin indiferencia. Este caso debe servir para corregir una conducta específica, pero también para establecer una política más clara de protección del Parque Duarte y de todos los espacios públicos del municipio.
Nagua necesita parques seguros, aceras libres, áreas familiares protegidas y autoridades presentes. La vida comunitaria no se defiende solo con discursos; se defiende con orden, vigilancia, educación ciudadana y sanciones cuando las normas son violentadas.
El Parque Duarte es de todos.
Y precisamente porque es de todos, nadie tiene derecho a ponerlo en peligro.















