Un recorrido por la zona revela una escena atípica en uno de los destinos más concurridos de Nagua durante el asueto.
Matancitas, Nagua. – La Playa Parador Gonzalo, tradicional punto de encuentro para cientos de vacacionistas durante la Semana Santa en matancitas, municipio de Nagua, presenta este año un escenario distinto: arena cubierta de sargazo, oleaje constante y una presencia de bañistas prácticamente inexistente.
Desde tempranas horas, el litoral muestra una franja continua de algas marrones arrastradas por el mar, formando acumulaciones visibles a lo largo de la orilla. El oleaje, más activo de lo habitual, impide que el agua mantenga la calma característica que suele atraer a familias completas en estos días.
Una playa sin su ritmo habitual




En contraste con años anteriores, donde las mesas, sillas y enramadas del parador permanecían ocupadas desde la mañana hasta entrada la tarde, este Viernes Santo la escena es distinta. Los espacios de recreación lucen vacíos, con mobiliario sin uso y establecimientos operando a baja capacidad.
Durante el recorrido realizado por Danny Bonilla, para este medio, se pudo constatar que la afluencia de visitantes es mínima, situación que rompe con la dinámica tradicional de esta playa, considerada uno de los principales destinos locales durante los períodos festivos.
Factores que inciden en la baja asistencia
El sargazo, fenómeno recurrente en varias zonas del Caribe, ha impactado de manera directa la calidad visual y ambiental del balneario. A esto se suma un oleaje irregular que dificulta el baño seguro, condiciones que influyen en la decisión de los visitantes.
Aunque no se ha emitido una alerta oficial sobre el uso de la playa, el comportamiento del mar y la acumulación de algas modifican la experiencia habitual del lugar.
Un contraste con la tradición
Playa Parador Gonzalo ha sido históricamente un punto de alta concentración durante la Semana Santa en Nagua, especialmente por su accesibilidad y oferta gastronómica. Sin embargo, el panorama observado en este reportaje evidencia una reducción significativa en la actividad turística en la zona.
La escena actual plantea un contraste marcado con años anteriores, donde el flujo de personas definía el ritmo del lugar.















