El predicador presentó el Padre Nuestro como “modelo de oración para una nación” y, en un tramo controversial, aludió a Tokischa al hablar de valores y del impacto del entretenimiento en la conducta juvenil.
Nagua, María Trinidad Sánchez. – El obispo Daniel Óscar encabezó este sábado la prédica central del evento “Nagua Ciudad de Dios”, celebrado desde las 8:00 de la mañana frente al Ayuntamiento Municipal, en una jornada que se extendió por más de diez horas y reunió a cientos de personas, además de delegaciones nacionales e internacionales.
En el inicio de su mensaje, Daniel Óscar enmarcó “Nagua Ciudad de Dios” como parte de un proyecto mayor, descrito por él como una iniciativa que busca “la transformación integral de la nación” a través de decisiones adoptadas por gobiernos locales. Según explicó desde la tarima, el esquema contempla reconocimientos formales en los territorios, con decretos municipales que promueven un día de celebración y la difusión pública de valores cristianos.
Al describir la columna vertebral del movimiento, organizó su exposición alrededor de tres convicciones que, sostuvo, se habían modelado durante el día: humillación, clamor y exaltación. Vinculó estas ideas con pasajes bíblicos citados ante el público, conectando la dimensión espiritual del evento con la noción de “reconocer la soberanía de Dios” en la vida comunitaria.
El Padre Nuestro como tesis: seis peticiones y dos bloques
El núcleo de su prédica giró alrededor del Padre Nuestro, leído de forma pública con la congregación. Daniel Óscar planteó que la oración no debe quedarse en la repetición, sino en comprender “el latido” del texto, y presentó el Padre Nuestro como una estructura con seis peticiones organizadas en dos bloques: uno centrado en Dios y su reino, y otro centrado en las necesidades humanas.
En ese recorrido, sostuvo que Jesús inaugura una manera distinta de relacionarse con Dios, al iniciar la oración con “Padre”. En esa línea, expuso que el término implica cercanía, pero también responsabilidad, especialmente en la figura paterna dentro del hogar. Con un relato personal, explicó cómo una escena cotidiana lo llevó a actuar con solidaridad al escuchar a una mujer decirle que “Jesucristo es mi marido”, conectando el gesto con la idea de que Dios es “Padre” de ricos y pobres.
El nombre, el reino y la voluntad: el bloque centrado en Dios
Al desglosar las primeras tres peticiones, Daniel Óscar sostuvo que “santificado sea tu nombre” exige un trato reverente hacia Dios y una conducta pública coherente con esa reverencia. Vinculó esa idea con símbolos nacionales y con la necesidad, según dijo, de que el nombre de Dios no permanezca como consigna, sino como práctica en hogares y comunidades.
Luego abordó “venga tu reino”, explicándolo como un llamado a priorizar la dimensión espiritual por encima de las peticiones materiales. En ese pasaje, planteó que la intervención del “reino” debe alcanzar todas las esferas de la vida social, mencionando ámbitos como educación, justicia, ayuntamiento, comercio, familia, arte y entretenimiento.
Fue en este tramo donde incluyó una referencia controversial que marcó uno de los momentos más comentados de su prédica. Al comparar modelos públicos, mencionó a la atleta dominicana Marileidy Paulino como ejemplo de reconocimiento a Dios tras su desempeño deportivo, y contrapuso esa imagen con una crítica a la exponente urbana Tokischa, a quien aludió para señalar conductas que, según su planteamiento, “avergüenzan” a Dios y a la sociedad dominicana. La comparación fue utilizada como recurso para insistir en la necesidad de valores y de referentes culturales que, a su juicio, fortalezcan la conducta de los jóvenes.
En el tercer punto, “hágase tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra”, afirmó que existe tensión entre obediencia humana y voluntad divina, y que una parte de los problemas sociales se relaciona con el abandono de valores.
Dirigió observaciones directas a la juventud, cuestionando tendencias identitarias que, según dijo, diluyen el sentido de dignidad humana. En ese contexto exhortó a los jóvenes a aspirar a una vida disciplinada y trascendente, y a no construir su identidad desde patrones que, de acuerdo con su interpretación, degradan la condición humana.
Pan, perdón y tentación: el bloque centrado en el ser humano
Al entrar a las tres peticiones finales, explicó “el pan nuestro de cada día” como evidencia de que la espiritualidad no excluye necesidades materiales, pero insistió en el orden: primero el reino, luego lo añadido. Señaló además que la oración habla de “pan nuestro”, interpretándolo como una invitación a mirar también la necesidad ajena.
En “perdónanos… como nosotros perdonamos”, afirmó que el perdón no es un gesto decorativo, sino una condición que destraba relaciones familiares y comunitarias. En su exposición mencionó que en la sociedad pueden existir deudas emocionales entre padres e hijos, esposos y esposas, ciudadanos y autoridades, y sostuvo que la reconciliación abre paso a una vida social más estable.
Finalmente, al citar “no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal”, planteó que la tentación funciona como puerta hacia daños mayores y que, aun con educación o habilidades, el ser humano necesita apoyo espiritual para sostener una vida íntegra.
Tras completar la explicación, Daniel Óscar concluyó con una invitación a aceptar a Jesucristo mediante una oración dirigida al público y a las audiencias conectadas por televisión y plataformas digitales. Decenas de personas se movilizaron hacia el frente, y, en ese cierre, proclamó que toda persona presente “merece” recibir oración, ampliando el llamado más allá de quienes manifestaran conversión.
La prédica central del obispo Daniel Óscar se produjo en un evento transmitido por televisión y redes, con presencia de delegaciones internacionales y participación de autoridades civiles y religiosas que acompañaron distintos segmentos del programa.















