Era la mañana del 11 de agosto cuando comenzaron a circular, casi en tiempo real, las primeras imágenes de ciudadanos sorprendidos por las cámaras de videovigilancia arrojando basura en lugares prohibidos de Nagua. El anuncio lo había hecho semanas antes el alcalde Junior Peralta: una red de equipos electrónicos vigilaría las calles para poner fin a los vertederos improvisados que, durante décadas, han robado a la ciudad parte de su orden, de su imagen y de su salud colectiva.
Ese día, junto a las fotografías, llegaron las sanciones. Multas pagadas con rapidez y disculpas públicas expuestas con el mismo apuro. Por un momento, pareció que la estrategia surtía efecto, pero once días después, la realidad continúa siendo la misma, la gente no ha comprendido el mensaje, al parecer.
Nuestras calles siguen siendo ensuciadas a destiempo, ciudadanos continúan convirtiendo esquinas en puntos de echar basura, una clara evidencia de que el problema va mucho más allá de una multa, aunque se siguen pagando y las cámaras hacen su trabajo.
La basura habla y dice quiénes somos como ciudadanos y qué tanto estamos dispuestos a defender nuestra “marca ciudad”. La limpieza no se mide únicamente por la cantidad de camiones recolectores o por la vigilancia municipal; se mide por la disciplina social, por la capacidad de cada familia de entender que los desechos no desaparecen cuando se lanzan a la calle, sino que se transforman en un reflejo colectivo.
En Nagua, como en tantas ciudades del país, el tema de los desechos sólidos ha sido una deuda acumulada. Las autoridades locales han hecho intentos, algunos más visibles que otros. Sin embargo, la constante ha sido la falta de una estrategia integral que combine dos ejes inseparables que son el control y la educación.
Hoy la tecnología vigila. La ley respalda las sanciones, con ordenanzas municipales y disposiciones ambientales que facultan a multar a quienes incumplen, pero una multa, por severa que sea, no resuelve la raíz del problema; en el mejor de los casos, posterga la reincidencia.
La pregunta de fondo es otra, ¿podrá la vigilancia transformar hábitos? La experiencia internacional dice que no basta. Medellín en Colombia, Curitiba en Brasil o incluso Santiago en la propia República Dominicana, han demostrado que cuando se combina educación comunitaria, infraestructura adecuada y sanciones claras, el cambio cultural sí es posible.
La cámara puede grabar la falta, pero solo la educación puede evitarla. Las campañas de concienciación, los programas escolares, las jornadas barriales de limpieza y la participación de la población deben ser la base de cualquier política en materia de residuos sólidos. El ciudadano no debe sentir miedo de una multa, sino orgullo de mantener su ciudad limpia.
Porque una ciudad no se transforma cuando el Ayuntamiento ordena; se transforma cuando cada hogar asume que tirar la basura en el lugar correcto es parte de su responsabilidad con el barrio, con la salud y con las futuras generaciones.
El camino apenas comienza, la instalación de cámaras puede ser vista como un acto de control, pero también como un símbolo. Ellas en sí mismas son el inicio de un nuevo pacto social entre autoridades y ciudadanía, un pacto que debe sostenerse en tres pilares.
Primero, la autoridad, que debe garantizar recolección eficiente y sanción justa. Segundo, la ciudadanía, llamada a organizarse y denunciar a quienes convierten las calles en basureros. Y tercero, la educación, que debe permear desde la escuela hasta la esquina más remota de la ciudad.
El pueblo más limpio no es el que más recoge absura, sino el que menos ensucia. Para llegar a ese punto, Nagua necesita más que cámaras; necesita conciencia, porque la historia de esta ciudad no debe escribirse entre multas y disculpas públicas, sino entre ciudadanos que entienden que la limpieza no es un lujo, sino un derecho compartido y un deber ineludible.
El reto está planteado, ¿seremos capaces de construir un Nagua organizado, habitable y saludable, o seguiremos repitiendo la escena del vertedero improvisado que se multiplica cada mañana?
La respuesta no la dará una cámara, la dará la conciencia de cada ciudadano. ¿Estás tu haciendo tu parte?
Escrito por: Amaury Reyna Liberato, director de Elnaguero.com y productor del programa #EnLaLineaDeFuego.















