Era una mañana húmeda de noviembre de 2022 cuando Alberto Rodríguez Mella cruzó las puertas del Instituto Nacional de Educación Física. Afuera, en el patio, los aros oxidados y las gradas despintadas parecían recordarle el tamaño del desafío.
Adentro, un presupuesto insuficiente y una institución que, por ley, debía recibir el 1 % de los fondos del Ministerio de Educación, pero que apenas alcanzaba a tocar una tercera parte de esa cifra.
En esos primeros días, Rodríguez sabía que no bastaba con dirigir: había que rescatar. Y rescatar significaba, ante todo, devolver la confianza en que el deporte escolar podía ser mucho más que una hora de educación física en el horario de clases.
Significaba que las canchas volvieran a ser lugares de comunidad, que el béisbol, el voleibol y el baloncesto convivieran con disciplinas nuevas, que un niño en Cristo Rey pudiera entrenar igual que uno en La Vega, y que la palabra “INEFI” volviera a pronunciarse con orgullo.
La estrategia comenzó con algo que, en política y deporte, a veces vale más que el presupuesto: respaldo. El presidente Luis Abinader no solo escuchó el diagnóstico, sino que lo incorporó a su propia agenda. Así, con un equipo técnico ágil y un enfoque descentralizado, el INEFI multiplicó obras y programas, ejecutando proyectos con un presupuesto más ajustado que en gestiones anteriores, pero con resultados medibles. En lugar de que las carencias dictaran el ritmo, se optó por que la eficiencia marcara el paso.
En tres años, más de 60 polideportivos han sido remozados o construidos en todo el país. En Yamasá, el sonido del eco de los botes de balón ahora se mezcla con las voces de niños que, por primera vez, juegan bajo techo. En Capotillo, el polideportivo Santo Cura de Ars se ha convertido en punto de encuentro comunitario, con torneos, festivales y clases abiertas. Estas obras, aunque pensadas para escuelas, han sido reclamadas por barrios enteros como propios.
Pero la transformación no se quedó en ladrillos y cemento. En las bodegas del INEFI se ordenan miles de balones, raquetas, bates y redes, listos para ser entregados. En tres años se han distribuido 113,000 artículos deportivos y capacitado a más de 60,000 personas en diferentes disciplinas. El programa “INEFI con el Barrio” ha llegado a sectores como La Ciénega y Sabana Perdida, llevando deporte y salud a más de 40,000 jóvenes y 7,000 familias.
En las aulas, los Juegos Escolares Deportivos Nacionales han pasado de ser un evento más en el calendario a convertirse en un verdadero pacto de esperanza. La edición 2023 en Barahona reunió a 3,500 atletas, tres de los cuales firmaron con organizaciones de Grandes Ligas, mientras otros doce fueron llamados a la selección juvenil de atletismo. Una joven del sur, que antes entrenaba con zapatos prestados, ganó una beca universitaria en Estados Unidos gracias a su talento en baloncesto.
Este año, los XI Juegos Escolares Nacionales —con sedes en San Francisco de Macorís, La Vega, Salcedo y Nagua— proyectan la participación de 4,600 atletas en 22 disciplinas, con una inversión de RD$ 650 millones. Más allá de medallas, estos juegos mueven la economía local, llenan hoteles, activan comercios y convierten el deporte escolar en motor de desarrollo regional.
La gestión de Rodríguez también ha traído rostros conocidos a las canchas escolares. En un liceo de Santo Domingo Este, Marileidy Paulino habló de cómo entrenar bajo el sol de su pueblo le enseñó a resistir. En otro, Gina Mambrú compartió la disciplina que la llevó a la selección nacional. “Cuando un niño escucha a alguien que salió de su mismo barrio y llegó a lo más alto, su mente cambia”, dice Rodríguez. Y ese cambio, asegura, es tan importante como cualquier trofeo.
En el ámbito internacional, el INEFI logró algo inédito: sentarse en la sede de la Major League Baseball en Nueva York para presentar su proyecto de béisbol escolar. Equipos como Yankees y Dodgers se han sumado con clínicas, formación técnica y apoyo a torneos. Un campeonato intercolegial con 68 centros participantes ya está en la agenda, marcando un nuevo capítulo en la relación entre deporte escolar y oportunidades profesionales.
En mayo de 2025, el gasto en nómina del INEFI representó apenas el 1.1 % de los ingresos recaudados, un dato que muestra un manejo austero y orientado a resultados. Es, según sus defensores, la prueba de que esta no ha sido una gestión de escritorio, sino de cancha, de barrio, de comunidad.
Hoy, al cerrar su tercer año, Alberto Rodríguez Mella no solo dirige el INEFI; ha cambiado la manera en que el país entiende el deporte escolar. Ha tomado una institución olvidada y la ha convertido en herramienta de cohesión social, en política pública viva y en un legado que, más allá de cifras y obras, se mide en el brillo de los ojos de un niño que pisa una cancha nueva por primera vez.
Esctrito por: Roberto Amaury Reyna Liberato, comunicador. Residente en María Trinidad Sánchez















