El cantautor dominicano ofreció un recorrido por sus grandes éxitos ante un público entregado, en una noche que combinó euforia, romanticismo y devoción musical.
Las Palmas de Gran Canaria. –Con una energía intacta a sus 68 años, Juan Luis Guerra transformó la explanada del Estadio de Gran Canaria en un auténtico templo del merengue, la bachata y la emoción colectiva.
Ante 28 mil espectadores, el cantautor dominicano protagonizó la noche del sábado un espectáculo que fue, desde su anuncio, un éxito asegurado al colgar el cartel de «completo» meses antes.
Desde los primeros acordes de Rosalía, el público supo que no habría pausas para la indiferencia. Continuó con La travesía y La llave de mi corazón, armando un repertorio que, durante casi dos horas, no solo repasó su carrera, sino que confirmó su estatura de leyenda viva de la música latina.
Una fiesta total con sabor dominicano
El entusiasmo fue tal que muchos fanáticos aguardaron desde la tarde para asegurarse un lugar privilegiado. Algunos asistían por tercera vez a una presentación del artista, movidos por la devoción y la certeza de que cada concierto suyo es una experiencia única.
El calor del verano canario solo fue comparable al calor humano que se respiraba en el recinto.
Temas como El Niágara en bicicleta, Ojalá que llueva café, Jesús y Las avispas elevaron los decibelios del lugar hasta límites vibrantes. La espiritualidad también tuvo su espacio, cuando el público coreó de forma masiva las letras cargadas de fe que han caracterizado buena parte de la trayectoria de Guerra.
Romanticismo y novedades en ‘La Ruta 4.40’
El dominicano no dejó fuera su faceta más íntima. Un popurrí de bachatas lentas, interpretadas con la serenidad que lo distingue, permitió un momento de conexión profunda con sus seguidores. Fue uno de los pasajes más emotivos de la noche.
A lo largo del espectáculo, también presentó canciones de su más reciente trabajo, Radio Güira, en una integración natural entre lo clásico y lo actual, antes de cerrar con una secuencia final cargada de euforia y nostalgia.
Un cierre memorable y un guiño visual
El broche de oro llegó con La bilirrubina, en una especie de ritual colectivo que puso a bailar hasta al último rincón del recinto.
En ese momento, Juan Luis sorprendió al dejar de lado su icónica boina para lucir un sombrero de copa y una cazadora vaquera, símbolo quizás de una renovación visual sin perder la esencia que lo ha hecho inmortal.
Los asistentes salieron del concierto aún envueltos en la magia del espectáculo, conscientes de haber presenciado algo más que un recital: una comunión cultural entre el Caribe y Canarias.
La gira continúa
Con todas las entradas agotadas para su próxima presentación en Tenerife, donde se espera la asistencia de más de 21 mil personas, Juan Luis Guerra y su inseparable banda 4.40 cierran su periplo por España con una gira que ha sido, ciudad tras ciudad, un desfile de emociones, canto y conexión con sus públicos más fieles.















